martes, 28 de octubre de 2008

De nombres

Nunca nadie ha pronunciado mi nombre verdadero. No me refiero, por supuesto, a aquél por el que me conocen mis parientes y amigos, con el que firmo y aparece en mi acta de nacimiento y en todos mis papeles oficiales: aunque maquillado por el segundo apellido, ese es el nombre de mi padre.

El viento o el vaho deben haber susurrado alguna vez al oído de mi madre, mientras dormía, mi nombre verdadero. Ella debe haberlo perdido en el umbral de la conciencia, justo antes de despertar, en duermevela.

La ventana enmarcaría entonces un falso retrato del otoño (que no existe como tal en el trópico), del que un desnudo macuilí sería la única inconsistente prueba (estos árboles permanecen de ese modo durante la mayor parte del año).

Mi madre debe haberse entonces levantado con el alba y, acariciando su abultado vientre mientras miraba por la ventana, una ligera preocupación, una especie de confusa e indefinida nostalgia la habría invadido sin remedio: mi verdadero nombre se había perdido para siempre.

Yo tampoco lo conozco.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ja! porqué al hombre le da por querer ponerle el nombre correcto a las cosas.. cuánta necesidad de querer encontrar la calma al poder nombrar algo que logre marcar la diferencia entre eso y lo otro.. Dr. Robert y Jude tienen razón, no?
I am he as you are he as you are me and we are all together.. en fin debrayes de exfumadora..

Ah.. oficialmente agregado a '*favoritos'

Saludos
BlueP

Paco Morales Hoil dijo...

Agradezco tu lectura =).

Si gustas, agrégame al messenger (morshoil@hotmail.com) y al facebook (Pac Morshoil); será grato leerte también de vuelta.